TULA

30/01/2026

Fuiste profundamente buena. Tenías alma de pastora y necesitabas a los tuyos cerca, juntos y a salvo.

Siempre buscabas el contacto, te entrometías en los abrazos y reclamabas tu lugar con una dulzura casi infantil. Eras muy inteligente y observadora; leías rutinas, gestos y señales con una precisión asombrosa.

Amabas la comida, los olores y las pequeñas promesas de cada día. Eras sensible, empática y calmante. Tu presencia me daba paz y protegía. Con miedos y manías, pero con una confianza absoluta en los tuyos.

Jugaste hasta el final, porque en ti el deseo iba por delante del cansancio. No solo estuviste en nuestra vida: fuiste parte de ella. No fuiste extraordinaria por hacer cosas excepcionales, sino por estar. Por estar siempre.

Gracias por acompañarme durante más de 16 años, desde que era un niño hasta ser adulto. Siempre echaré de menos acariciar tu pelo suave y la forma en que tus ojos y orejitas hablaban sin palabras.

Siempre te querré con locura, mi bebé, mi hermanita, mi reina, la niña de mi madre.