Hasta siempre, querido Max. Fuiste el mejor perro que podíamos desear. El mejor amigo y compañero de viajes que cualquiera podría pedir. Fiel, cariñoso, dócil, obediente.
Te quisimos como a un hijo, porque como el mejor de los hijos te comportaste con nosotros. Siempre a nuestro lado, vigilante para protegernos. Amigable con todas las personas y resto de perros, jamás nos diste ni la menor molestia ni problema.
Disfrutabas como nadie de los viajes y nos llenaba de felicidad ver tu alegría en cada uno de ellos. Ya nunca volverá a ser ninguno como los vividos a tu lado. Ojalá haya otra vida en la que personas y perros podamos encontrarnos de nuevo y fundirnos en un gran abrazo. Te queremos, Max, nunca te olvidaremos. ¡Que volvamos a vernos!.