Golin, un chihuahua de apenas tres kilos de peso, tan lleno de vida, que no hay ni un solo rincón de nuestra casa dónde no habites. Desde el segundo uno de tu llegada, conquistaste el hogar y lo transformaste en tu pequeña sabana con tus ojitos saltones y esas orejillas siempre en alerta. Ahora, en este vacío inmenso y eterno, cuando dejas físicamente éste mundo mortal, que nunca es justo, quisiera hacer justicia al amor y cariño incondicional que nos regalaste. No te imaginas cuanto de nuestro tiempo era tuyo, el que tú llenabas con tu olor, o tus pequeñas manías, que eran tu signo de dulce dominio, pues eras y serás el rey de nuestro pequeño mundo. Te fuiste tal y como eras, tu corazón que tanto amor nos dió, dejó de latir, sabías cuándo, para no causarnos un largo y doloroso adiós. Fuiste generoso con tu familia, incluso en tu despedida.