Adiós querido Dingo. Gracias por los 20 maravillosos años que nos regalaste. Desde el primer momento en que te tuve en mis brazos tan pequeño que cabías en mi mano, llenaste nuestras vidas de amor. Liam no podría haber tenido un mejor amigo. La forma en que dormías a su lado, confiado y dulce… la manera en que te dejabas llevar en brazos como un saco de patatas, paciente y tranquilo. Esos momentos permanecerán con nosotros para siempre. Fuiste mucho más que un gato. Fuiste familia. Fuiste consuelo, risas y compañía constante. Te echaremos de menos más de lo que las palabras pueden expresar. Siempre en nuestros corazones. Siempre amado. Eres irreemplazable.