Daisy, muchas gracias por habernos regalado 16 años a tu lado. Desde que no estás la casa se siente vacía y sin color.
Mamá echa de menos tu compañía cada día o silbarte y verte aparecer al instante. Eras y siempre serás su ojito derecho.
Papá extraña verte correr por casa detrás de una bola de papel de plata. Le encantaba verte jugar o escucharte maullar reclamando mimos o avisando de que ya era hora de ir a dormir.
Tu hermana se entristece al ver tus pelitos blancos en su ropa, sabiendo que ya no te colarás al mínimo descuido en su armario ni que tampoco la seguirás por casa mientras se arregla para salir.
Esto no es un adiós Daisy, es un hasta luego. Corre, salta y disfruta en el cielo hasta que volvamos a reunirnos.