¡Oh, mi querida Nube! ¡Qué mal lo hicimos todo contigo! ¡Cuántos errores irremediables cometimos!. Todo ello me pesa en el corazón como una losa, y las lágrimas afloran a mis ojos al recordarlo.
Te recuerdo cuando viniste a nuestra casa por primera vez. Para mí eras la perrita más bonita del mundo, con tu pelito suave como de algodón, parecías un juguete de peluche. No he pensado mucho en ti en estos años transcurridos desde tu muerte, me duele demasiado recordar las equivocaciones que cometí contigo. Pero hoy tu recuerdo me atenaza la garganta y se me encoge el corazón al pensar que ni siquiera te dediqué unas palabras cuando te fuiste de mi lado.
Siempre me expresaste tu adoración, y también algún que otro "mordisquito" cuando te hacíamos las interminables y dolorosas curas a las que hubo que someterte, parte por tus problemas de salud y más parte aún por incompetencia y errores de algunos bárbaros oportunistas que se hacían llamar "veterinarios". Siempre malita, no pudiste disfrutar de la vida, ni de los juegos y carreras con otros perros, ni de paseos por la Naturaleza. Apenas caminabas.
Pero llenaste de felicidad nuestra vida con tus muestras de alegría y cariño cuando nos veíamos todas las mañanas o cuando regresábamos a casa cada uno de nosotros. Hoy echo de menos tus lametones y sentirte junto a mí en el sofá. Perdóname por todo lo mal que lo hice contigo.
Deseo que el día que me vaya de este mundo, vengas corriendo a mi encuentro, sana, sin dolores, y que nos fundamos juntos en un abrazo para siempre y recorramos juntos interminables praderas llenas de luz y de flores. Hasta siempre, mi dulce perrita Nube. Siempre estarás en mi corazón. Te quiero.